Mostrando entradas con la etiqueta Se lo contaron las Hadas a la Dama Basileia.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Se lo contaron las Hadas a la Dama Basileia.... Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de noviembre de 2011

El amor verdadero vive para siempre....


Una pareja de jóvenes estaban muy enamorados y se iban a casar. Unos meses antes de la boda, la novia tuvo un accidente y quedó con el rostro totalmente desfigurado...

"No puedo casarme contigo”, le comunicó en una carta a su novio, “quedé marcada y muy fea para siempre, búscate a otra joven hermosa como tú te mereces, yo no soy digna de ti”

A los pocos días la muchacha recibió esta respuesta de su novio: “El verdadero indigno soy yo, tengo que comunicarte que he enfermado de la vista y el médico me dijo que voy a quedar ciego... Si aún así estás dispuesta a aceptarme, yo sigo deseando casarme contigo”

Y se casaron, y cuando lo hicieron, el novio estaba ya totalmente ciego. Vivieron 20 años de amor, felicidad y comprensión, ella fue su lazarillo, se convirtió en sus ojos, en su luz, el amor los fue guiando por ese túnel de tinieblas.

Un día ella enfermó gravemente y cuando agonizaba, se lamentaba por dejarlo solo entre esas tinieblas. El día que ella murió, él abrió sus ojos ante el desconcierto de todos.,“no estaba ciego” - dijo- “fingí serlo para que mi mujer no se afligiera al pensar que la veía con el rostro desfigurado, ahora mi amor descansa en ella”


El verdadero amor ve más allá de la belleza física, porque el verdadero amor, ve con el corazón...
Vivimos en un mundo de apariencias, donde se califica a las personas según su aspecto físico, pero el verdadero amor embellece más que el más caro tratamiento de belleza; la belleza se acaba, pero el amor verdadero vive para siempre....
Ashè mis príncipes y princesas!


El águila empujó gentilmente sus pichones hacia la orilla del nido. Su corazón se aceleró con emociones conflictivas, al mismo tiempo en que sintió la resistencia de los hijos a sus insistentes empujones.

¿Por qué la emoción de volar tiene que comenzar con el miedo de caer?, pensó ella.

El nido estaba colocado bien en el alto de un pico rocoso. Abajo, solamente el abismo y el aire para sustentar las alas de los hijos.

¿Y si justamente ahora esto no funcionase ?, se decía.

A pesar del miedo, el águila sabía que aquel era el momento. Su misión estaba presta a ser completada; restaba todavía una tarea final: el empujón. El águila se llenó de coraje.

Mientras sus hijos no descubriesen sus alas no habría propósito para sus vidas. Mientras ellos no aprendieran a volar no comprenderían el privilegio que era nacer águila.

El empujón era el mejor regalo que ella podía ofrecerles. Era su supremo acto de amor. Entonces, uno a uno, ella los precipitó hacia el abismo.

¡¡Y entonces volaron!!.

(Autor desconocido)

A veces, en nuestras vidas, las circunstancias hacen el papel del águila. Son ellas las que nos empujan hacia el abismo.
Y quien sabe… tal vez sean ellas, las propias circunstancias, las que nos hacen descubrir que tenemos alas para volar…

GRACIAS!!

miércoles, 13 de octubre de 2010

Luna...



Una noche de verano, oyó a lo lejos el llanto de un joven, entonces empujada por la natural curiosidad, bajó a la Tierra encarnada en un bello cisne para contemplar aquel melancólico sentimiento. Luna se acercó hasta un lago próximo al joven para poder escuchar sus lamentos:

- !Ohhhhhh¡ desolador murmullo de la Dama del Amor. ¿ Por qué primero me hechizaste con el don del amor y ahora me arrebatas a mi amada, a mi vida? ¿Por qué juegas con el destino y la existencia de los débiles hombres? Maldigo el día en el que ame con todo mi corazón y ella respondió a mis sentimientos de amor verdadero, con falsos !Te Quiero!. ¿No hay lugar en este cruel mundo para el verdadero y eterno amor? ¿ No puedo ser amado?Pero eso ya da igual, por que con la compañía de esta calurosa noche que hiela mis entrañas y con el murmullo de las aguas, quiero segar mi alma y unirme con la nada para no sufrir más.

Después de estas palabras de infinita tristeza, el joven dió fin a la larga vida que le quedaba, apuñalándose con una brillante daga. Pero antes de morir y con su última bocanada de vida susurró: "Te quiero………." Y allí acabó su melancólica existencia.

La Luna atónita y desconcertada empezó a llorar y sus lágrimas de polvo plateado se alzaron al cielo y crearon bellas estrellas. La luna en sus pensamientos de misericordia pensó: "que estas estrellas guíen y reconforten a aquellos que aman con toda su alma, pero no son amados de tal modo".

Cuenta el final de la leyenda que cada vez que no esta Luna en el cielo es porque, triste y desamparada por el recuerdo del joven que murió por amor, se retira al lo mas lejano del cosmos a llorar, porque ella, aun siendo amada, nunca podrá devolver ese amor que los hombres le entregan.

No tiene precio...




Cuando llegaron al borde del río, el maestro arrojó una moneda de oro al fondo. El discípulo, creyendo que se trataba de un manantial de los deseos, se dispuso a hacer lo mismo, pero la mano del sabio detuvo su acción: 

-Nunca olvides que existen cuatro cosas en la vida que jamás se recuperan: 

La piedra, después de arrojada. 

La palabra, después de proferida. 

La ocasión, después de perdida. 

El tiempo, después de pasado. 

Durante un tiempo, ambos callaron y vieron pasar el agua, un agua que nunca más volvería... El discípulo, inmerso en este pensamiento, se atrevió a romper el silencio: 

-¿Por qué ha arrojado algo tan valioso al río, maestro? No le veo sentido… 

-Para que recuerdes que esta lección no tiene precio. –contestó el sabio.


Esperanza...


El cielo estaba poblado de estrellas de todos los colores. 
Parpadeaban continuamente sobre el negro cielo como queriendo hacer cosquillas a la noche.
Un día se dirigieron a Dios para formularle un ruego: 
«Señor Dios, nos gustaría vivir en la Tierra con las personas, compartiendo su misma vida.»

El Señor concedió a regañadientes lo que le pedían. 
Intentó convencerles de que su lugar estaba en el cielo. 
Pero insistieron tanto, que Incluso les permitió mostrarse con el tamaño con el que son vistas desde la Tierra para facilitarles su aventura.
Llegaron a la Tierra en grupo, a principios del mes de agosto, aprovechando una lluvia de estrellas de San Lorenzo. 
Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar con las luciérnagas por los campos, las menos se dejaron mecer en los árboles por la fresca brisa de la noche, la mayoría se acercaron a las personas y contemplaron de cerca sus rostros... y la Tierra quedó maravillosamente iluminada.

Pero transcurrido un breve espacio de tiempo regresaron presurosas al cielo.
Al verlas llegar tristes y cariacontecidas, Dios les preguntó el motivo de su regreso.
Las estrellas respondieron al unísono: 
«Señor, en la tierra hay mucha miseria, hambre y violencia...»

El señor les dijo que no las había creado para que anduvieran por la Tierra. 
Les repitió que su lugar estaba en el cielo, trazando órbitas inmensas, jugando al corro con los astros y los planetas.
Cuando se reunieron todas, Dios las contó. 
Con sorpresa descubrió que faltaba una de ellas.
Un ángel se acercó al Señor y le susurró al oído: 
«Señor, la que falta es esa extraña estrella de color verde que protesta mientras traza órbitas por el cielo... La que decía el otro día que ella no había nacido para deslizarse entre los planetas. Parece ser que se ha quedado en la Tierra.»

«¿Qué estrella es esa?», preguntó el Señor. 
El ángel continuó informando: «Le llaman «Esperanza». 
Es una diminuta estrella verde. 
La única que hay de ese color.»

Dios la recordó enseguida porque «Esperanza» era una estrella a la que reñía con frecuencia. 
Últimamente tenía la manía de empujar suavemente a sus compañeras mientras trazaban sus monótonas órbitas...
Miraron de nuevo a la Tierra, por ver si descubrían a «Esperanza». 
Y finalmente la hallaron allá abajo... 
Como era su costumbre, andaba repartiendo suaves empujones de ánimo a las personas. 
Se fijaron un poco más y vieron como «Esperanza» no empujaba a cualquier persona, sino tan sólo a aquellas que estaban tristes, cansadas, rotas por el esfuerzo y el dolor...

Las estrellas del cielo comenzaron a cuchichear por lo bajo, criticando duramente a «Esperanza» por haberse quedado en la Tierra y por andar «molestando» a los humanos con su consabida manía.
Pero Dios les hizo callar diciéndoles, al tiempo que esbozaba una sonrisa: 
«Dejadla que siga allí, porque dando suaves empujones a quienes perdieron las fuerzas para caminar, está mejorando mi Creación»

Y todas las estrellas siguieron trazando órbitas. 
Todas, menos «Esperanza», que aún anda repartiendo suaves empujones a quienes lo necesitan.

Esperanza me acompaña constantemente, en este camino vida... 
Gracias por mantenerte ahí, amiga mía... 

sábado, 2 de octubre de 2010

Fábula del Puercoespín


Durante la era glacial, muchos animales morían por causa del frío.
Los puercoespines, percibiendo la situación, resolvieron juntarse en grupos, así se abrigaban y se protegían mutuamente, más las espinas de cada uno herían a los compañeros más próximos, justamente los que ofrecían más calor.
Por eso decidieron alejarse unos de otros y comenzaron de nuevo a morir congelados.
Entonces precisaron hacer una elección: o desaparecían de la Tierra o aceptaban las espinas de los compañeros.

Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos.
Aprendieron así a convivir con las pequeñas heridas que la relación con un semejante muy próximo puede causar, ya que lo más importante era el calor del otro.
Y así sobrevivieron.

Moraleja de la historia

La mejor relación no es aquella que une personas perfectas, sino aquella donde cada uno aprende a convivir con los defectos del otro, y admirar sus cualidades. 

jueves, 26 de noviembre de 2009

Leyenda del ceibo....




Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita fea, de rasgos toscos, llamada Anahí. Era fea, pero en las tardecitas veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños... Pero llegaron los invasores, esos valientes, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.
Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva...
El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien  al rato,  fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo  la muerte en la hoguera.
La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.
Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.




Bella y el Unicornio...



Bella era la más hermosa de todas las mujeres. Nadie podía igualarla en elegancia, en belleza. Provocaba suspiros en cualquiera que la viera pasar. Pero su corazón era frío, duro como la roca, distante, jamás ninguna emoción había hecho mella en él.

Por eso, cuando una tarde vio en el río el reflejo de un ser fabuloso, cuando vio los ojos curiosos que la miraban desde el agua, Bella se supo cautiva, hechizada, presa de sus emociones... y viva por fin.

Al minuto siguiente él ya no estaba. Y aunque buscó y le llamó, no encontró a su Unicornio. Suyo, porque solo ella le conocía, solo ella le amaba, solo ella creía en él...



Desde entonces, Bella descuidó su ajuar, dejó de mimar su piel untándola de esencias, olvidó sus joyas en el fondo de sus cofres, dejó de buscarse en los espejos, de cepillar su cabello... y sus ojos azules se cubrieron con un velo de tristeza. Pero seguía sabiéndose viva...

Las gentes del lugar inventaron leyendas y fantasías que explicaban por qué cada amanecer la que seguía siendo la muchacha más hermosa de cuantas habían visto, recorría el farallón más alto, su vestido agitándose al viento, su melena enredándose y danzando alrededor de su rostro, su mirada ausente, buscando en el horizonte lo que nadie acertaba a imaginar.

Un día, al paso de un peregrino, Bella se acercó y le preguntó:

-Buen hombre, tú que llevas la sabiduría reflejada en tu rostro, y al que la experiencia de toda una vida ha dibujado arrugas en la piel, dime, ¿cómo lo puedo encontrar?

-No sé qué persigues, pero cuanto menos lo busques, más rápido lo encontrarás -fue su respuesta.

Sin embargo, Bella empezó a hilar una red con sus largos cabellos. Tejió y tejió y cierto día, cuando los hombres miraron al acantilado, vieron una inmensa tela de araña que se balanceaba al viento y cubría el acantilado entero, desde la costa hasta el confín del mar. Y allí esperaba Bella, y tras un tiempo apareció su Unicornio, trotando sobre las olas, mirándola fijamente, tal vez con desdén, tal vez con sorpresa. Y en la red de Bella quedó atrapado su Unicornio.




Ella se acercó y acarició su piel, su crin, mientras sonreía por saber suyo al Unicornio. Creyó que al caer en la red, el Unicornio no podría sino quererla siempre, como ella haría con él. Pero el Unicornio habló, habló de lo absurdo de los amores que encarcelan y esclavizan al otro...

-Aunque me apreses, ates mis movimientos o me guardes en tu sitio más secreto y protegido de tu palacio, nada obtendrás de mí. Esta red sólo consigue atrapar mi cuerpo, pero mi corazón no puede ser tu cautivo. Sólo somos capaces de querer a los demás desde nuestra libertad.




Bella, confundida, pensó que solo deseaba que llegara el día en que el unicornio fuera capaz de amarla... nada más. Y la red se deshizo instantáneamente, y el Unicornio escapó. Bella se quedó quieta, inmóvil, tanto que su cuerpo empezó a convertirse en una estatua de piedra, hermosa, sublime, la más perfecta que nadie jamás hubiera esculpido.

Desde ese día, la estatua de Bella en lo alto del acantilado ve acercarse a muchachas enamoradas que le cuentan sus sueños, sus ilusiones; a niños que juegan y danzan a su alrededor; a un joven flautista que aprendió a tocar a los pies de la estatua y que ahora deleita a todos con su música, tal vez en un vano intento de sacar a Bella de su sueño eterno. Pero lo más sorprendente son las flores que cada amanecer, rodean la estatua y cuelgan de las manos de piedra, frescas, lindas, cubriendo con su olor y sus colores a Bella.

Cuentan que hay alguien que llega con las primeras luces del alba, se inclina reverente, con devoción casi, ante la estatua, deja descansar unos instantes su cabeza en su regazo... Y se marcha, dejando su ofrenda, corriendo veloz, galopando sobre la espuma de las olas.

Es el Unicornio.





martes, 24 de noviembre de 2009

El nacimiento del arcoiris...


Hace mucho, mucho tiempo, en la espesa selva verde esmeralda habitaban unos pequeños animalitos que provocaban la admiración de todos aquellos que tenián la suerte de poder verlos. Eran siete magníficas mariposas, todas diferentes, pero cada una con sus alas pintadas de un color brillante y único. Su belleza era tal, que las flores de la selva se sentían opacadas cada vez que las mariposas revoloteaban su alrededor.



Eran inseparables, y  cuando recorrían la selva parecían una nube de colores, deslumbrante y movidiza. Pero un día, una de ellas se hirió con una aguda espina y ya no pudo volar con sus amigas. El resto de las mariposas la rodeo, y  pronto comprendieron de la profunda herida era mortal. Volaron hasta el cielo para estar cerca de los dioses y, sin dudarlo, ofrecieron realizar cualquier sacrificio con tal de que la muerte de su amiga no las separara. Una voz grave y profunda quebró el silencio de los cielos y les preguntó si estaban dispuestas a dar sus propias vidas con tal de permanecer juntas, a lo que todas contestaron afirmativamente.





En ese mismo instante fuertes vientos cruzaron los cielos, las nubes se volvieron negras, y la lluvia y los rayos formaron una tormenta como nunca se había conocido. Un remolino envolvío a las siete mariposas y las elevó más allá de las nubes. Cuando todo se calmó y el sol se disponía a comenzar su trabajo para secar la tierra, una impotente curva luminosa cruzó el cielo, un arco que estaba pintado con los colores de las siete mariposas, y que brillaba gracias a las almas de esas siete amigas que no temieron a la muerte con tal de permanecer juntas.





domingo, 22 de noviembre de 2009

La leyenda de la Luna....


Cuenta una leyenda que hace muchisimos años solamente el Sol reinaba en el cielo.
De dia todo era alegría, pero durante la noche un gran temor se apoderaba de las aldeas. 
Cierta vez, un puma sanguinario se ensañó con un pequeño poblado. Entonces, una joven valiente y generosa, llamada Quilla decidió poner fin a esa amenaza.

Una noche, en vez de refugiarse junto a su pueblo, se quedó sola en un lugar abierto. 

Al acercarse el puma, ella comenzó a correr muy velozmente. 
El animal la siguió, pero Quilla conocía perfectamente la región y sabía donde ocultarse. 
Asi, durante dos dias, fue alejando a la fiera de su pueblo.

Pero finalmente, en la tercera noche, el puma la acorraló. 

La joven se dio cuenta que estaba perdida. 
Sin embargo, contenta porque había logrado apartar a la bestia de su gente, se dispuso a morir.

En ese momento acurrió algo asombroso: la figura de la muchacha comenzó a ascender por el aire hasta convertirse en un astro redondo y luminoso que quedó prendido en el cielo.
Los amigos de Quilla, que la buscaban intensamente, vieron la transformación y comprendierón lo sucedido...

A partir de ese momento, Quilla nunca los abandonó; los acompaño todas las noches con su luz...