miércoles, 13 de octubre de 2010

Esperanza...


El cielo estaba poblado de estrellas de todos los colores. 
Parpadeaban continuamente sobre el negro cielo como queriendo hacer cosquillas a la noche.
Un día se dirigieron a Dios para formularle un ruego: 
«Señor Dios, nos gustaría vivir en la Tierra con las personas, compartiendo su misma vida.»

El Señor concedió a regañadientes lo que le pedían. 
Intentó convencerles de que su lugar estaba en el cielo. 
Pero insistieron tanto, que Incluso les permitió mostrarse con el tamaño con el que son vistas desde la Tierra para facilitarles su aventura.
Llegaron a la Tierra en grupo, a principios del mes de agosto, aprovechando una lluvia de estrellas de San Lorenzo. 
Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar con las luciérnagas por los campos, las menos se dejaron mecer en los árboles por la fresca brisa de la noche, la mayoría se acercaron a las personas y contemplaron de cerca sus rostros... y la Tierra quedó maravillosamente iluminada.

Pero transcurrido un breve espacio de tiempo regresaron presurosas al cielo.
Al verlas llegar tristes y cariacontecidas, Dios les preguntó el motivo de su regreso.
Las estrellas respondieron al unísono: 
«Señor, en la tierra hay mucha miseria, hambre y violencia...»

El señor les dijo que no las había creado para que anduvieran por la Tierra. 
Les repitió que su lugar estaba en el cielo, trazando órbitas inmensas, jugando al corro con los astros y los planetas.
Cuando se reunieron todas, Dios las contó. 
Con sorpresa descubrió que faltaba una de ellas.
Un ángel se acercó al Señor y le susurró al oído: 
«Señor, la que falta es esa extraña estrella de color verde que protesta mientras traza órbitas por el cielo... La que decía el otro día que ella no había nacido para deslizarse entre los planetas. Parece ser que se ha quedado en la Tierra.»

«¿Qué estrella es esa?», preguntó el Señor. 
El ángel continuó informando: «Le llaman «Esperanza». 
Es una diminuta estrella verde. 
La única que hay de ese color.»

Dios la recordó enseguida porque «Esperanza» era una estrella a la que reñía con frecuencia. 
Últimamente tenía la manía de empujar suavemente a sus compañeras mientras trazaban sus monótonas órbitas...
Miraron de nuevo a la Tierra, por ver si descubrían a «Esperanza». 
Y finalmente la hallaron allá abajo... 
Como era su costumbre, andaba repartiendo suaves empujones de ánimo a las personas. 
Se fijaron un poco más y vieron como «Esperanza» no empujaba a cualquier persona, sino tan sólo a aquellas que estaban tristes, cansadas, rotas por el esfuerzo y el dolor...

Las estrellas del cielo comenzaron a cuchichear por lo bajo, criticando duramente a «Esperanza» por haberse quedado en la Tierra y por andar «molestando» a los humanos con su consabida manía.
Pero Dios les hizo callar diciéndoles, al tiempo que esbozaba una sonrisa: 
«Dejadla que siga allí, porque dando suaves empujones a quienes perdieron las fuerzas para caminar, está mejorando mi Creación»

Y todas las estrellas siguieron trazando órbitas. 
Todas, menos «Esperanza», que aún anda repartiendo suaves empujones a quienes lo necesitan.

Esperanza me acompaña constantemente, en este camino vida... 
Gracias por mantenerte ahí, amiga mía... 

lunes, 4 de octubre de 2010

El Amor y la Locura...


Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.

Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: ¿Jugamos al escondite?

LA INTRIGA levantó la ceja intrigada, y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó: ¿al escondite? ¿Y cómo es eso?

Es un juego - explicó LA LOCURA- , en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

EL ENTUSIASMO bailó secundado por LA EUFORIA.

LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca interesaba nada.

Pero no todos quisieron participar, LA VERDAD prefirió no esconderse ¿para qué? Si al final siempre la hallaban, la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y LA COBARDIA prefirió no arriesgarse...

Uno, dos, tres... comenzó a contar LA LOCURA.

La primera en esconderse fue LA PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.

La FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos ...que si un lago cristalino , ideal para LA BELLEZA, que si la rendija de un árbol, perfecto para LA TIMIDEZ, que si el vuelo de una ráfaga de viento, magnífico para LA LIBERTAD. Así terminó por ocultarse en un rayito de Sol.

EL EGOISMO en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero sólo para él.
LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arcoiris) y LA PASIÓN Y EL DESEO en el centro de los volcanes.

EL OLVIDO... se me olvidó donde se escondió...pero eso no es lo importante.

Cuando LA LOCURA contaba 999.999, EL AMOR aún no se había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado...hasta que encontró un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón, - contó LA LOCURA- y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue LA PEREZA sólo a tres pasos de una piedra.

Después se escuchó a LA FE discutiendo con DIOS en el cielo sobre teología y a LA PASIÓN y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.

En un descuido encontró a LA ENVIDIA y claro, pudo deducir donde estaba EL TRIUNFO.

AL EGOISMO no tuvo ni que buscarlo, el sólo salió de su escondite, había resultado ser un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió LA BELLEZA y con la DUDA resultó más fácil todavía pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse.

Así fue encontrando a todos, EL TALENTO entre la hierba fresca, a LA ANGUSTIA en una oscura cueva, a LA MENTIRA detrás del arcoiris (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO...que ya se le había olvidado que estaban jugando al escondite, pero sólo EL AMOR no aparecía por ningún sitio, LA LOCURA buscó detrás de cada árbol, cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas había herido en los ojos AL AMOR; LA LOCURA no sabía que hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra...


EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.